miércoles, 17 de abril de 2013

1. -Capítulo 3-


La mente me empieza a clarear. Me vienen a la cabeza los hechos de anoche. O tal vez haya pasado hace un rato, o hace un mes. No tengo ni idea.
Me duele la cabeza. Ése es mi segundo pensamiento lúcido, si es que se pudiera llamar lúcido al primero. Intento alzar las manos, pero no puedo. Me las han atado a la espalda.
Alzo la cabeza y miro a mi alrededor. Estoy en una habitación con las paredes de hormigón desnudo. No hay ventanas, ni muebles. A excepción de un par de sillas colocadas enfrente de la que ocupo yo. Y en la pared de enfrente una puerta de metal con una ventanilla rectangular en la parte superior. Tal vez yo llegara a mirar por ella si me pusiera de puntillas.

Oigo mi respiración increíblemente alta, aunque tal vez sea el contraste con el silencio total. O casi. Oigo unas voces débiles al otro lado de la puerta. Me echo todo lo que puedo hacia delante en la silla y agudizo el oído. Son voces masculinas, de eso no hay duda, pero no logro entender lo que dicen. Junto a las voces comienzo a oír pasos. Se están acercando.

Cuando llegan a la puerta de la celda (no tengo duda de que es una celda) ambos se paran. A través de la ventanilla distingo una cabeza morena y una rubia.

-¿... que es ella?- pregunta uno de ellos. El moreno, por el movimiento que distingo por la ventanita.
-Seguro -contesta el rubio-.
-Como te hayas confundido...
-Me indigna que pienses que soy tan inútil.
Y entran en la celda.

Apoyo rápidamente la espalda en el respaldo de la silla y finjo indiferencia. Observo a los dos hombres que acaban de entrar. Ninguno de ellos debe de tener más de veintitrés o veinticuatro años. El rubio sin duda es el que se quedó mirando a mi ventana desde la calle y el que me atacó, en cuanto le miro lo noto. El moreno es algo más bajo y está más delgado que el otro. O al menos no tiene su forma física.
El rubio tiene la vista fija en mí. Le devuelvo la vista, negándome a bajarla. Pone una sonrisa mitad arrogante mitad irónica y camina hacia el interior de la habitación. El moreno, que está mirando un ordenador portátil que lleva en las manos, empieza a andar hacia el centro de la habitación, igual que su compañero.

Estoy temblando ligeramente, debido al frío que hace aquí dentro. Intento ocultarlo, porque no quiero que piensen que tengo miedo. Aunque lo tengo.

El rubio alcanza la silla de la derecha, le da la vuelta rápidamente y se sienta de frente a mí, con las piernas a los lados de ésta y coloca los brazos sobre el respaldo. El moreno se sienta en la otra y se coloca el ordenador sobre las rodillas.
Una sonrisa está a punto de asomarse a mi cara cuando veo que el rubio aún tiene la marca de mi mordisco en la mano.

-Vale. Estoy completamente seguro de que eres quien sé que eres. Pero -hace un gesto con la cabeza al otro chico-, ''lo correcto'' -acompaña estas palabras haciendo comillas con los dedos- es asegurarse. Te lo empezaré preguntando por las buenas -apoya la cabeza en el respaldo de la silla, sobre sus brazos-. ¿Cómo te llamas?

Me quedo mirándole unos segundos. No puedo decirle la verdad. Me da la impresión de que si lo hago cometeré un fallo muy grave.

-Caroline -contesto en voz baja.

El moreno me mira, con la luz de la pantalla del ordenador reflejándose en sus ojos. El rubio alza una ceja.

-¿Caroline qué más?
-Evans.

El rubio se alza sobre la silla y mira al moreno.

-Búscala.

El moreno empieza a teclear y tras unos segundos, mira al rubio. Sacude la cabeza. El rubio sonríe de una forma que hace que se me ponga la piel de gallina.

-Muy bien. Segunda oportunidad. ¿Cómo te llamas?

Respiro un par de veces. Sin darme cuenta he bajado un poco la cabeza. Este tío me intimida más de lo que me gustaría.

-Claire. Claire Collins.

El rubio vuelve a mirar al moreno y éste repite el proceso anterior. Cuando sacude la cabeza, el rubio sonríe así de nuevo y se pone de pie. Sin verlo venir, me cruza la cara de una bofetada. Aunque, a parte de que está claro, noto que se ha contenido bastante.

Se sienta lateralmente en la silla, con ambas piernas a un lado de ésta y se gira hacia mí, para poder mirarme. Después del dolor y picor inicial, me empieza a arder la mejilla. Tengo la mirada clavada en mi regazo, no puedo alzar la cabeza. Empiezo a sentir una rabia sinsentido. Aunque no le vea la cara, sé que está esperando a que le diga un nombre. Oigo como se mueve un poco en la silla y me estremezco un poco.

-Marie Chase.

Alzo un poco la vista para volver a ver lo mismo de nuevo. Otra negación del moreno y el rubio se vuelve a levantar. Me obligo a mirarle a la cara. Tiene esa sonrisa de psicópata que haría que a cualquiera se le pusieran los pelos de punta. Me vuelve a pegar un guantazo en la otra mejilla, bastante más fuerte que el anterior y no puedo evitar soltar una exclamación de dolor.

Debo de tener la cara roja como un tomate. Y duele. Y arde. Ya no puedo disimular mi respiración agitada. El rubio se vuelve a sentar y se cruza de brazos. Le miro, ya no sonríe, y parece más normal.

-Podemos estar así el tiempo que te apetezca. Yo no tengo prisa.

Respiro profundamente. Pasa un rato y bastantes nombres. Clarissa Miller. Jessica Wheller. Monica Machter. Kate Phoenix. Sarah Way.

Toso. Me duele el pecho y el estómago. Me sangra el labio y no quiero imaginar el aspecto que debe tener mi cara. El rubio está en su posición inicial. Le miro y casi exclamo por la sorpresa. Le ha cambiado completamente la cara. Si alguien le mirara, podría decir que hasta es una buena persona. Le miro fijamente. Me paso la lengua por los labios y noto el sabor metálico de la sangre. Mantengo la mirada en sus ojos.

-Alice Halonn.

El rubio mira al otro chico, que vuelve a teclear. Ahora, en vez de negar, asiente. El rubio se relaja un poco en su silla. No había notado lo tenso que estaba. Sonríe, aunque no con la sonrisa psicópata. A saber cuántas caras y personalidades tendrá este tío para engañar a la gente.

-¿Ves? No ha sido tan difícil -se levanta y se acerca a mí. Me coge la barbilla casi con delicadeza y me levanta el rostro-. Podríamos habernos ahorrado bastantes problemas.

<<Sí, sobre todo tú>>, estoy a punto de decirle, pero me contengo.

Se vuelve hacia el moreno y le debe de hacer alguna señal, porque coloca el portátil sobre el suelo y se levanta. El rubio saca algo que tiene en el bolsillo. Un botecito pequeño de cristal, parece. El moreno saca una cajita que no había visto y la abre, de ella saca una jeringuilla. Trasladan el líquido transparente del botecillo a la jeringuilla. El moreno se la pasa al rubio y me sujeta la cabeza agarrándome de la barbilla de tal forma que se me quede el cuello estirado. El rubio me aparta el pelo del cuello y me clava la jeringuilla.

Noto el pinchazo y cómo el contenido de la jeringuilla se va vaciando en mi vena. Todo se empieza a nublar. Lo único que veo es una blancura total antes de quedarme inconsciente.

Antes de abrir los ojos suelto un suspiro. Estoy empezando a cansarme de que me dejen sin sentido así, sin preguntar, ni avisar ni nada. Abro los ojos para encontrarme con una vista ya familiar. Mi celda vista desde mi silla. Intento mover los brazos y me sorprendo al ver que puedo. No me han atado. Vaya, que considerados. ¿Habrán acabado ya de sacarme información a golpes? Me levanto y me llevo una sorpresa al ver que mis piernas aguantan mi peso. Sigo un poco dolorida por los golpes que me dio el rubio, pero en general no me encuentro mal. Me acerco a la puerta de metal, no sin darme cuenta de que no llevo mi abrigo ni la sudadera que llevaba al salir de la casa de Alex.

Me centro en lo importante: la puerta. Me acerco e intento abrirla. No lo consigo. No tenía muchas esperanzas en ello, no se habrían molestado tanto por mí para luego dejarme sola en una celda abierta. Me pongo de puntillas y me asomo por la ventanita. Sólo veo un pasillo blanco que sigue recto. Y más puertas en los laterales. ¿Más celdas? Miro a los laterales de mi puerta y veo que no hay nadie. Que raro. Esperaba que tal vez hubiera alguien montando guardia o algo.

-Puedes quedarte ahí todo lo que quieras, de momento no vas a salir.

Pego un bote al oír la voz. Es la del rubio pero, ¿donde está? Miro por la ventanilla y de repente veo el dorso de una mano frente a mí. Casi pego un grito. La mano desaparece y noto un pequeño golpe contra la puerta, como si alguien se apoyase en ella. Entonces comprendo, está sentado en el suelo. Al ver que ahí no puedo hacer nada, y reacia a quedarme tan cerca de un tío que se pasó un buen rato usándome de saco de boxeo, me vuelvo a mi silla. Las otras dos siguen aquí, así que coloco las tres de forma que pueda sentarme con las piernas extendidas.

Llevo un rato mirando la puerta y el rubio sigue ahí. No le he visto marcharse por la ventanilla. Oigo que empieza a hablar. ¿Hay alguien más ahí y yo no le he visto o este tío está tan loco como creo? Otra voz le responde, así que hay alguien más ahí. Otro chico, aunque no es el moreno. Bajo un poco la cabeza, para que el pelo me cubra un poco la cara, por si se le ocurre asomarse que crea que estoy dormida y agudizo el oído.

-Entonces es ella. Comprobado -dice el chico que acompaña al rubio.
-Comprobadísimo. Me costó lo mío sacarle el nombre, estaba empecinada en no decirlo, pero al final conseguí sacárselo -dice esto con un tono orgulloso y arrogante que me da ganas de pegarle una patada a la puerta.
-¿Y después...?
-Sí, después le pusimos la anestesia y la llevamos a la camilla. La abrimos y ya no había duda -oigo como se mueve y, por la expresión sorprendido de su compañero, creo que le ha enseñado algo.
-Entonces, ¿es...? Sí, está claro -un suspiro medio resoplido-. ¿Y, cuándo...?

Y no sigue. Sospecho que tal vez el rubio le ha cortado antes de que hablara demasiado. Como no siguen hablando, dejo de prestarles tanta atención. Pienso en todo lo que acabo de escuchar. No entiendo nada, ¿ha dicho... abrir? ¿Me han operado? ¿Y no me duele nada? Y menos aún entiendo para qué debían operarme. Y mucho menos tengo idea alguna de qué hago aquí, por qué me tienen presa y, lo más importante, qué va a pasar conmigo.

Vuelvo a oír la voz del otro tío, aunque mucho más baja. Con cuidado de no hacer ni un ruido, me acerco y me pongo justo detrás de la puerta. Pego la oreja a ella y presto atención.
-... teniendo mis dudas.
-¿Qué dudas te pueden quedar? -susurra el rubio, se nota que está exasperado-. Comprobamos el nombre. Le abrimos el cuello y sacamos el chip. ¿Y sigues diciendo que te quedan dudas?

Siguen hablando, pero no me entero de nada más. Lentamente, con miedo, me llevo la mano a la nuca, justo detrás de la oreja. Paso la yema de los dedos por un bulto que antes no estaba. Sí, sin duda es una operación. Por lo menos los puntos que mantienen cerrada la herida parecen fiables. Y, ha dicho... ¿chip? ¿Es posible que tuviera un chip alojado en el cerebro? ¿Y cuándo me lo habían colocado? ¿Y por qué yo no lo sabía? Tantas preguntas sin respuesta me ponen nerviosa. El rubio vuelve a hablar, igual de bajo que hace un momento.

-Ahora... Sólo tenemos que esperar a que llegue... -se detiene, tal vez imaginando que puede que yo esté escuchando- Y hacerla colaborar.

Oigo como el otro chico empieza a replicar pero no acaba, seguramente acallado por el rubio. ¿Hacerme colaborar? ¿Qué narices van a intentar que haga? Y, esperar a que llegue... ¿quién?
Frunciendo el ceño vuelvo a las sillas y me vuelvo a sentar tal y como estaba. Me cruzo de brazos y, milagrosamente, logro quedarme dormida.

Me despierto unos segundos después. O esa es mi impresión. Antes de que pueda mover ni un músculo, empiezo a oír sonidos extraños. Y más acostumbrada al silencio de este sitio. Se oye mucho movimiento, aunque lejano. Muchos pasos, como si muchas personas estuvieran corriendo por todas partes. Y... ¿disparos?

Intento levantarme y asomarme a la ventanita, pero en cuanto me pongo en pie el suelo se mueve de golpe y vuelvo a caer sobre la silla. Todo se mueve, las paredes, el suelo, la puerta... No logro aclarar qué es esto, ni por qué me pasa. No parece una alucinación, lo que siento es más parecido a la vez que Hayley, Alex y yo cogimos media botella de vodka que tenían los padres de él en su casa. El recuerdo me absorbe unos instantes. Me da la impresión de que fue hace un siglo, auqnue en realidad no ha debido de pasar ni un año.

Empiezo a oír ruido más cerca. Cada vez suena más fuerte. Pasos rápidos, algunas voces y, sin duda, disparos. La puerta de la celda se abre de golpe y me asusto. Por ella puedo ver a un grupo de personas, aunque todo se mueve tanto que no soy capaz de analizar la situación. Hay un par de figuras en pie en el pasillo y unas tres o cuatro en el suelo. Y una última figura justo delante de mi puerta, de espaldas. Suenan un par de disparos más y las dos personas del final del pasillo caen al suelo. La figura se da la vuelta y entra corriendo en mi celda.

A pesar de que todo sigue tambaleándose consigo distinguir un poco a la persona que tengo delante. Es un chico, me parece que no tiene más de dieciocho o diecinueve años. Lo veo todo borroso, incluido su rostro. Por como se mueve veo que está nervioso. Murmura sin parar, pero no logro distinguir lo que dice. Lo oigo todo como si estuviera escuchando la radio y las interferencias no dejaran oír nada. Mi vista va alternando entre clara y borrosa.
El chico parece un poco... sorprendido. O como si no supiera qué hacer. Me sujeta la barbilla con algo de torpeza, o eso me parece y me mira fijamente, como si me estuviera analizando. Frunce el ceño.

-No... -antes de que diga nada más vuelve la cabeza de golpe. Empieza a moverse con más urgencia.- Mierda-. Vuelve la cabeza de nuevo. Cada vez está más nervioso-. ¿Crees que puedes correr?

Intento asentir, pero no lo consigo. Es como si la orden no llegara a su destino.

-Mierda -repite-. Voy a tener que cargar contigo-. Se da la vuelta y me carga sobre su espalda-. Tendrás que agarrarte fuerte porque voy a necesitar las dos manos.

Y echa a correr. Intento no caerme y esto me despeja un poco la mente. Al menos la vista ya no se me emborrona y oigo más claramente. Aunque sólo distingo disparos y pasos por todas partes.
Giramos una esquina y, de repente, como si hubiera salido de la nada, veo una puerta de salida justo enfrente de nosotros. Apenas puedo creerlo. El chico la abre de una patada y nos encontramos en la calle. Noto el aire frío en la cara y los brazos.

Cuando nos hemos alejado un poco de ese lugar, el chico me deja en el suelo y se apoya en una pared. Me quedo mirándolo. Aún noto el cerebro bastante embotado. Lo suficiente como para no poder pensar con toda la claridad que me gustaría.
Ahora que le puedo ver bajo la luz del día, veo que tiene sangre en la ropa, aunque no parece suya. Al menos no toda. Veo que se sujeta el brazo izquierdo con su mano derecha. Ha debido de recibir un disparo.

Se vuelve hacia mí.

-Vaya, pensaba que ni siquiera ibas a poder mantenerte en pie.

Me encojo de hombros y sonrío un poco.

-Yo también- noto mi voz un poco pastosa.

Frunce un poco el ceño y fija la vista en el suelo. Nos quedamos en silencio unos minutos hasta que yo lo rompo.

-¿Qué...? -él vuelve la cabeza hacia mí y me callo. Sacudo la cabeza.
-En seguida nos iremos de aquí, tenemos que esperar un poco. Yo te aconsejaría que no intentaras echar a correr, a no ser que quieras volver a esa celda.

Me habla con un tono de condescendencia que me hace fruncir el ceño. Se creerá que tengo seis años. Frunzo el ceño.

-Eso ya lo había pensado.

Me mira y después vuelve a desviar la mirada, como si ni siquiera se tomara la molestia de prestarme atención. No sé por qué, eso me enfada. Me cruzo de brazos y me siento en el suelo, con la espalda apoyada en la pared.

-Espero que quién sea a quien estemos esperando no tarde mucho -comento y señalo su brazo-. Eso no tiene muy buena pinta.

Él sonríe y se encoge de hombros.

-He sobrevivido a cosas peores.

Yo enarco las cejas pero no me mira. Miro hacia el cielo y me doy cuenta de que tengo la mente más clara. Y también de que tengo frío. Solo llevo la camiseta de manga corta que tenía en la celda, aunque allí no notaba el aire frío de fuera. Tengo la piel de los brazos de gallina. Me niego a seguir mostrando debilidad ante desconocidos, así que permanezco en silencio y me rodeo el torso con los brazos lo más discretamente que puedo. Fallo. El chico se da cuenta, se quita la chaqueta y me la lanza sobre el regazo. Típico acto de chico que muestra caballerosidad ante una chica asustada y con frío. No me muevo, ni hago ademán de coger la chaqueta. No pienso ser la damisela en apuros.

-Póntela -me dice, casi como si me lo ordenara. Eso hace que tenga más ganas de rechazarla.

Permanezco quieta, de brazos cruzados y mirando al frente. Oigo que resopla y se vuelve a apoyar en la pared.

Miro alrededor. Me sorprende que hasta ahora no hubiera sido consciente de lo raro que se veía todo. No hay absolutamente nadie por las calles. Y no sólo eso, parece que estamos en una ciudad abandonada. La gran parte de las ventanas de los edificios cercanos están rotas. Cerca de nosotros veo un semáforo roto, doblado, como un pájaro bebiendo agua. Frunzo el ceño. ¿Cuánto tiempo llevo encerrada?
-Ha sido todo muy repentino -comenta de repente el chico.

Le miro, claramente confundida. Me ofrece la mano.

-Me llamo Joshua -le miro fijamente, sin moverme. Alza una ceja -. ¿Y tú?
-La última vez que me preguntaron mi nombre el resultado no fue muy agradable.
-Ya me imagino. Son unos bestias. Aunque supongo que ya lo habrás comprobado.

Compongo una mueca irónica que provoca que me duela prácticamente cada herida que tengo en la cara.

-No necesitas más que mirarme a la cara.
-Te curarán eso.
-Creo que es más urgente tu brazo -replico.

Se ríe un poco.

-Puede. Aunque seguramente nos curen a la vez.

Empieza a mirar hacia un lado y otro de la calle, nervioso. Veo que está sujetando la pistola tan fuerte que tiene los nudillos blancos.

-¿Pasa algo? -pregunto, en voz baja.
-Están tardando un poco más de lo que deberían -contesta, mordiéndose el labio.

Asiento.

-¿A quién esperamos exactamente? -pregunto.
-A las personas que distraían a los tíos que te tenían presa mientras yo te sacaba de allí.

Frunzo el ceño. No lo entiendo. ¿Por qué tanto este chico como las personas a las que estamos esperando se molestan por mí? Cierro los ojos y respiro un par de veces. Odio las preguntas sin respuesta.

-Alice -digo.

Me mira sorprendido.

-¿Qué?
-Que me llamo Alice.

Sonríe un poco, pero está bastante nervioso.

-Genial. Ahora, ponte la chaqueta, Alice. Por favor, me da frío sólo ver toda esa piel de gallina.

Hago una mueca burlona, pero me pongo la chaqueta. Me da un calor que agradezco profundamente. Cansada de estar sentada en el suelo, me levanto y me quedo como Joshua, con la espalda apoyada en la pared. Aunque él, presa de su nerviosismo, no se mantiene quieto, sino que gira el cuerpo junto a la cabeza al mirar hacia ambos lados de la calle.

Yo no entiendo a qué viene tanto nerviosismo. En caso de que mis captores hubieran querido volver a apresarme, ya lo habrían conseguido. Miro a Joshua y veo que, a pesar del frío, una fina capa de sudor le cubre la frente. De repente, se pone pálido. Tiene la vista fija en el final de la calle. Sorprendida, sigo su mirada y no puedo creer lo que veo.
Es una criatura extraña, como poco. Tiene una forma ligeramente humanoide, con los brazos y las piernas demasiado largos. Camina apoyando las cuatro extremidades en el suelo, lo que lo hace más extraño. La criatura parece no habernos visto, ya que está hurgando detrás de un montón de escombros al final de la calle. Miro sin ocultar mi terror a Joshua, que parece estar manteniendo una lucha mental entre correr o quedarse esperando, como por lo visto está programado.
Antes de que ninguno de los dos podamos decir o hacer nada, el ser levanta de golpe la cabeza y nos ve. Tengo la vaga sospecha de que detrás de esos escombros hay algún cuerpo, porque la cosa tiene la boca, la barbilla y las manos llenas de sangre. Tiene un rostro que recuerda, de alguna manera a una persona, aunque muchísimos más demarcado y con los ojos vidriosos. Parece una persona, pero no lo es.
Enseña los dientes y gruñe. Empieza a correr hacia nosotros. No me puedo mover, estoy paralizada. Joshua me agarra de la chaqueta y tira de mí para colocarme detrás de él. Levanta el arma y se oye un disparo. Aunque no ha sido él.
La criatura se desploma en el suelo y, de repente, un enorme furgón dobla la esquina. Pasa a toda velocidad por nuestro lado y se para unos metros más allá. Las puertas traseras y una delantera se abren de golpe y varias personas saltan al suelo. Un chico coge a Joshua del brazo y lo sube al furgón, mientras una mujer joven le examina como puede la herida del brazo. Un hombre con barba de unos cuarenta años se acerca a mí. No tengo ni idea de lo que está pasando, pero lo sigo al interior del furgón. Cuando hemos subido, un chico que no debe ser más mayor que yo cierra las puertas y el furgón se pone en marcha. Miro a mi alrededor, y veo caras preocupadas, concentradas, y... ¿triunfales?
Decido que mi cerebro no puede procesar tanto y, cerrando los ojos, apoyo la cabeza en la pared del furgón.

2 comentarios:

  1. Esas criaturas se parecen bastante a los zombis, y a mí no me llaman, así que estoy un poco recelosa con el rumbo de la historia, pero haré un esfuerzo esta vez. Solo porque eres tú. <3
    Se plantean muuuuuuuchos interrogantes en este episodio, y tengo curiosidad, porque ahora todo está rodeado de misterio, ¡espero el próximo! >.<

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  2. <333 Oh, pues es que la historia se me vino a la mente precisamente cuando me dio una mini temporada con eso, zombies... Y tal. Pero de todas formas tengo pensado bastante más, y no en plan centrándose completamente en los bichos, quiero decir, que no va a ser en plan película/serie de zombies, en la que el centro será matar a los bichos (sí, suena un poco... Pero no sé como más llamarlos xDD), sino que va a haber algo... (ES QUE NO QUIERO SPOILEAR) ... ''Más grande'', digamos xDD Peeero... A pesar de que lo tengo muy pensado y tal... Estoy empezando a volver a lo que me pasa con prácticamente todas las historias que empiezo, que, como que ''deja de llamarme''. Por eso nunca pensé en lo de hacer un blog con historias, porque no me duran nada xDD Pero bueno, supongo que la seguiré.

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