sábado, 6 de abril de 2013

1. -Capítulo 2-


Tiro el bolígrafo al suelo, frustrada. Me cruzo de brazos y miro con el ceño fruncido el cuaderno que tengo delante. Sigue abierto y en blanco, exactamente igual que hace media hora.

-¡Bah!

Aparto el cuaderno y me estiro en la cama. A pesar de que intento no pensar en ello la escena de anoche se me cuela en la cabeza; el tío de la calle tenía que ser una alucinación. Tenía que serlo. Pero no, se fue caminando, no desapareció sin más. Caminaba y hacía ruido al andar. Era real.
Se me pone la piel de gallina en la brazos. Alargo el brazo para alcanzar el reloj que hay en la mesilla. Las cinco menos diez. He quedado con Hayley y Alex en la casa de él a las cinco, así que me levanto, me pongo las zapatillas y salgo de mi habitación, no sin antes un escalofrío al volver a recordar momentáneamente lo de anoche.

Tengo ya la mano en el pomo de la puerta de la calle cuando mi madre me llama desde el salón. Cierro los ojos y respiro hondo. Casi. Me doy la vuelta lentamente, preparándome para alguna otra escena. Sale del salón, pero se queda apoyada en el quicio de la puerta.

-¿Dónde vas?
-He quedado con Hayley y Alex.

Su mirada me deja claro que no es suficiente.

-En su casa. En la de él- me sigue mirando así-. ¿Pero dónde crees que voy a ir si no?- pregunto, extendiendo los brazos.

Otra miradita y se mete otra vez en el salón. Pongo los ojos en blanco y salgo. Una pequeña parte de mí esperaba volver a ver a aquel tío, o alguna otra cosa extraña, pero no. Lo único que se ve por la calle es lo normal, algunos de mis vecinos, el viento moviendo las ramas ya casi desnudas de los árboles y poco más. Me meto las manos en los bolsillos y echo a andar calle abajo.

Alex me abre la puerta de su casa. Lleva una camiseta de manga larga que le regalé yo misma, vaqueros, y va descalzo excepto por unos calcetines a rayas azules.

-Hooola- me saluda.
-Buenas- sonrío-. Molan los calcetines.
Se ríe.
-Gracias. Los tengo como de cuarenta colores.

Entramos y cuando llegamos al salón Hayley está sentada en el sofá con las rodillas pegadas a su pecho y está estirando al cuello para intentar ver algo en la otra habitación, que es la cocina.

-¿Qué buscas?- le pregunto.

Ella pega un brinco y se da la vuelta, para vernos a Alex y a mí casi riéndonos. Se sonroja ligeramente y murmura un ''nada''.

-Bah, seguro que vuelve a pasar un par de veces más. Siempre lo hace- suelta Alex.
Yo no puedo evitar soltar una carcajada.

Sin duda Hayley andaba buscando al hermano de Alex. Tiene alrededor de unos veintidós años y el rasgo más notable en común con su hermano es el pelo castaño. Tiene los ojos azules, pero no de un tono pálido, como los de Alex, sino más intenso. Debe medir un metro noventa y además es ancho de espaldas, lo que le hace parecer aún más grande.

Sale de la cocina y atraviesa el salón para llegar al pasillo en el que están los dormitorios. Hayley tiene la cabeza baja y simula estar mirándose las manos, pero por el rabillo de ojo veo que no le quita la vista de encima.

-Debería empezar a cobrar entrada -comenta Alex-.

Se me dibuja una sonrisa en la cara aunque intente evitarlo. Hayley se coloca el pelo sobre el hombro, pareciendo lo más digna posible. Un ligero tono rosa aún le cubre las mejillas.

-¿Y tú de qué te ríes? -me pregunta, con el tono indignado que pone a veces-. Si a ti te gusta tanto como a mí - Sigo sonriendo y sacudo la cabeza. Noto como se me calienta la cara.
-Vaya dos... Y luego decís de mí.
-Si nosotras nunca decimos nada de ti -respondo.
-Bueno, un poco sí. Pero nunca nada malo -apostilla Hayley.
-Tranquilas, que lo sé -señala la mesa-. Mientras vosotras os entreteníais con mi hermano he traído cositas de comer.
-Guau... Estás en todo -comento, dándole un toquecito en la cara con el dedo índice, como hago a veces con Andrew.
-Pues claro. Sin mí no duraríais ni dos días.

Nos reímos y después empezamos a picotear de la comida que hay sobre la mesa.

-Está un poco raro -dice en voz baja Alex, mientras abre una bolsa de patatas fritas.
-¿Quién, tu hermano? -pregunta Hayley, con la mano metida en una bolsa de Cheetos.
-Hmm -asiente él, con un par de patatas en la boca.
-¿Y eso? -le doy un trago a un vaso de batido de fresa-. ¿Ha pasado algo?
-No, pero lleva como algunas semanas, a lo mejor tres, que no sale de su habitación, y cuando lo hace apenas habla. Y si le pregunto me responde con respuestas cortas o evasivas.

Frunzo el ceño y miro a Hayley, que tiene la misma cara de sorpresa y extrañeza.
Alex sigue hablando.

-Ayer, sobre las diez de la noche, estaba en mi cuarto y le oí salir de su habitación, así que yo también salí, para intentar hablar con él. Pero, en vez de ir a la cocina o al baño, como esperaba que hiciera, se puso la chaqueta y salió de casa -Hayley y yo nos volvemos a mirar-. Me extrañó un montón, pero tenía que aprovechar. Esperé un par de minutos y entré en su habitación.

Se queda callado un momento y Hayley y yo le hacemos un gesto para que continúe.

-Así a primera vista no había nada raro. Desorden, pero nada más. Aún así entré, y más de cerca había algo que no me cuadraba, aunque no sabía qué era. Me acerqué a su escritorio y vi que estaba todo cubierto de hojas. Cogí algunas para ver qué podían ser, pero en muchas había gráficos y cálculos que no entendía ni un poco. Como me preocupaba que volviera rápido sólo me dio tiempo a ver que en su cama había como... unas cuatro o cinco carpetas llenas de papeles y un par de libretas llenas de apuntes rarísimos. Pero no los pude leer, porque en ese momento oí que la puerta de la calle se volvía a abrir, así que tuve que volver corriendo a mi habitación.

Hayley y yo nos quedamos unos minutos en silencio, procesando todo lo que Alex nos acaba de contar. La comida y bebida ha quedado olvidada sobre la mesa.

-Pero... -empieza Hayley-. ¿No podría ser... algo de... la universidad?
-Eso pensé yo -asiente Alex-, pero si lo hubieras visto seguro que pensarías como yo que no es de la universidad -vuelve la vista hacia mí-. Alice, ¿tú qué piensas?
-Pues... La verdad es que estoy bastante confusa. No tiene sentido que fuera algo de la universidad, porque no explicaría que estuviera tan raro.
-Bueno, hay algunos trabajos... -me interrumpe Hayley.
-Sí, lo sé, pero... No sé, hay algo que me escama.

Alex asiente, conforme con mis palabras.

-Eso mismo me pasa a mí. Por eso quería contároslo, para ver qué pensáis vosotras.
-Pues... -decimos ambas a la vez.

Me mordisqueo el interior del labio, pensativa.

-Puede que sean cosas nuestras, y que estemos desmadrando un poco la imaginación -divago-. Pero... -Alex niega con la cabeza, sabiendo lo que voy a decir-. No sé, parece algo más grave.

No estoy completamente segura de mis palabras, pero Alex asiente.

-Claro, conocéis a mi hermano, no es para nada de los de encerrarse en su habitación. Y aunque tuviera mucho que estudiar, solo le dedicaría algo de tiempo, no tanto.

Me mordisqueo el interior del labio y me quedo mirándome las manos. Los tres nos quedamos un rato en silencio. Alargo el brazo y cojo el vaso de batido. Bebo un trago mientras ellos dos vuelven a coger la comida, aunque seguramente solo por hacer algo.

Sacamos algún tema de conversación banal, para olvidarnos de todo este asunto. El exterior ya está oscuro y las farolas encendidas. Miro el reloj que hay colgado en una pared.

-Voy a tener que ir yéndome ya...
-Sí, yo también -dice Hayley.

Nos levantamos seguidas de Alex. Nos acompaña hasta la puerta y, cuando ya estamos en el umbral nos da un abrazo a cada una.

-Bueno, hasta... ¿mañana? -pregunta.
-Hecho.

Asiente y cierra la puerta. Hayley se coloca la bufanda y yo me abrocho el abrigo. Caminamos un trecho juntas, en silencio. Cuando llegamos al punto en el que tenemos que separarnos para ir cada una a su casa, Hayley dice lo que ambas estamos pensando.

-Que raro todo, ¿no?

Asiento, con las manos metidas en los bolsillos del abrigo.

-Quiero decir, raro de verdad. Igual estoy exagerando, pero... -sacude la cabeza, como queriendo alejar algún pensamiento de su mente-. Bueno, nos vemos mañana, ¿vale?
Saco la mano del bolsillo lo suficiente para alzar el pulgar y vuelvo a meterla antes de que se quede demasiado fría. Nos separamos y echamos a andar cada una por un lado. Camino rápido, mirando al suelo. Me parece oír algo a mis espaldas. Vuelvo la cabeza. Nada.

Aprieto las manos en puños y sigo caminando. Vuelvo a oír algo, esta vez sin ninguna duda. Me quedan aún algunas manzanas para llegar a mi casa. Sin darme la vuelta, empiezo a correr. Me empiezan a doler los pies helados, pero sigo corriendo. Sigue habiendo ruido detrás de mí, y movimiento. Me sigue.
Dos manzanas. Algo se me echa encima, o más bien alguien. Es bastante más alto que yo, y más fuerte. Me tira al suelo y cae sobre mí. No nos llega la luz de ninguna farola; ha escogido el momento justo. Me revuelvo todo lo que puedo, pero su peso me aplasta. Me agarra del abrigo y me pone boca arriba. Intento mirar alrededor, pero no hay nadie en la calle, y no creo que se nos pueda ver desde ninguna casa. Al no llegarnos la luz de ninguna farola no puedo verle la cara, pero me parece ver cabello rubio bajo la capucha negra.

Me sujeta la cara por la barbilla. Me acerca la otra mano a la cara y, aprovechando, le muerdo. Suelta un grito ahogado y afloja un poco su agarre. Me revuelvo bajo él para colocarme y le pego un rodillazo en el estómago. Retrocede un poco y, sin poder explicarme cómo, consigo escurrirme bajo él. Echo a correr hacia mi casa. Está tan cerca. Unos cuantos metros y ya estaré a salvo, bajo mi techo.

Já. Vuelve a echárseme encima. Me rodea con los brazos por la espalda y tira de mía hacia la zona que no alumbra la farola. Abro la boca, pero antes de que pueda hacer ningún ruido me la cubre con la mano. Me revuelvo, intento pegarle alguna patada, algún cabezazo, pero lo esquiva todo. Antes de que pueda hacer nada más, me desliza una especie de capucha en la cabeza, que me la cubre entera. Un olor fuerte, como químico, se me cuela hasta el cerebro y pierdo el sentido.



1 comentario:

  1. Ya me imagino quién es el personaje secuestrador, pero a lo mejor es trolleada total y resulta que no es el que sospecho. Hasta que no se descubra, yo estoy muy segura de su identidad. Ya veré.
    Quisiera saber qué van a hacer con Alice ahora... ¡tengo intriga! ¿Tal vez la interroguen sobre sus visiones? ¿Traten de operarle el cerebro para quitárselas? (qué bestia yo, también...) ¿O la van a reclutar para un apocalipsis? LOL, I want to know.

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