sábado, 6 de abril de 2013

1. -Capítulo 1-

Well, pues empiezo con la historia 1., pues... Simplemente por el orden, no por nada más. Yo suelo hacer los capítulos largos, aviso. Aquí os lo dejo ^^



<<Corre, corre>>, pienso mientras veo las gotas de lluvia deslizarse por el cristal de la ventana. La gota grande va en cabeza, bajando como una bala, pero, a unos centímetros de la meta se para y la gota pequeña, la mía, la que parecía que ni siquiera iba a llegar abajo, empieza a avanzar a toda velocidad y llega abajo la primera.
Sonrío. <<Así se hace>>. Me estoy preguntando por qué me gusta tanto contemplar las gotas de lluvia en la ventana cuando veo una mano. Una mano que se apoya en el cristal desde fuera. Un escalofrío me recorre todo el cuerpo y estoy a punto de gritar, pero me contengo en el último momento, ya que lo que menos me conviene es llamar la atención de todo el autobús. No soy idolatrada por mis compañeros de clase, pero tampoco se meten conmigo ni me hacen la vida imposible y prefiero que siga siendo así.
El autobús para con un frenazo que casi hace que me dé un golpe en la frente con el asiento de delante. El barullo normal del autobús se intensifica cuando mis compañeros se levantan para bajar del autobús. La chica que se había sentado a mi lado se levanta y, sin casi mirarme, se dirige a la parte delantera del autobús para salir.
Apoyando ambas manos en el respaldo del asiento de delante, me levanto con la imagen de la mano que acabo de ver en el cristal grabada en la cabeza. Alguien me pellizca ligeramente en la espalda.
-Hoooola. Señorita Alice Halonn, haga el favor de volver a la realidad. ¿Estás aquí o tengo que ir a buscar un cubo de agua?
-No te pienso dar esa oportunidad, Tate -le digo, sonriendo.

Hayley Tate es muy diferente a mí. Al principio me había sorpendido de que una chica como Hayley quisiera siquiera hablar conmigo. Pero habíamos hablado, y había resultado que teníamos un montón de cosas en común y que nos entendíamos bastante bien. A pesar de que Hayley es esa clase de personas que caen bien a todo el mundo. Todos piensan que es genial, simpática, divertida...
En cambio, la gente solo podría decir de mí que soy maja por decir algo o, simplemente no tienen ni idea de quién soy.
-No bajes la guardia- bromea Hayley. Después acerca la boca a mi oreja y susurra-. Nunca.

La palabra habría tenido más efecto si no fuera porque se ríe al decirla. Ambas bajamos del autobús. Mientas empezamos a andar hacia el instituto, miro hacia la ventana junto a la que había estado sentada, pero no veo ni rastro de la mano. Nada. Me muerdo el labio y aprieto el paso para alcanzar a Hayley. Estamos a principios de noviembre, así que ya hace bastante frío. Me coloco el gorro de lana que llevo puesto y me froto las manos para intentar hacerlas entrar en calor.
Toda la gente que entra en el edificio empieza a apelotonarse y a empujarnos a Hayley y a mí. Un empujón particularmente fuerte me lanza hacia la pared y me raspo la cara con la superficie del muro. Me llevo una mano a la mejilla y lanzo una mirada resentida al chico que me ha empujado, pero él ni me mira. Más adelante distingo la melena de un rubio casi blanco de Hayley, y confirmo que es ella cuando veo una de sus mechas fucsias. Me abro paso hacia ella como puedo y, cuando consigo llegar junto a mi amiga estoy sin aliento. La gente ya se ha dispersado por los demás pasillos y las clases, por lo que ya se puede respirar tranquila.
Hayley me mira sorprendida.
-¿Qué te ha pasado?- me pregunta, señalando el raspón de mi mejilla.
-Un armario me ha estampado contra la pared- señalo con la barbilla al chico, que está en el mismo pasillo, a unos diez metros, hablando con un grupo de gente.

Hayley abre la boca y asiente, comprendiendo.
-Ooooh, ya veo. Me pregunto qué narices comerán para estar así. Ninguna persona puede conseguir eso con métodos naturales.
-Prefiero ni meterme en esos temas...

Hayley asiente de nuevo y se vuelve hacia su taquilla, que está justo a su lado. Yo me dispongo a abrir la mía, contigua a la de Hayley. Siempre me suele costar al menos un par de minutos conseguir abrirla. Cuando estoy a punto de conseguirlo, alguien me pega en la cabeza con un cuaderno y mi intento de apertura de la taquilla se va al traste. Lanzo una exclamación mitad sorprendida mitad frustrada y me doy la vuelta.
Allí está Alex, la otra persona del instituto con la que me llevo lo suficientemente bien como para llamarlo amigo.
Sonríe de oreja a o oreja y hoy no lleva las lentillas moradas que se pone a veces, por lo que se ven sus ojos verde pálido. Siempre me pregunto cómo puede ponerse lentillas teniendo esos ojos. Los míos son castaño oscuro, y no me quejo de ellos.

-Buenos días, pequeñas – me encanta y me hace gracia a la vez que nos llame así, ya que él es el pequeño y unos cuantos centímetros más bajo que Hayley y prácticamente de la misma altura que yo.
-Igualmente, pero, ¿sabes que estaba a punto de abrir mi taquilla? - le miro entrecerrando los ojos, intentando parecer enfadada.
Él suspira divertido, me pone una mano en el hombro y me aparta con cuidado de la puerta de la taquilla.

-Dejen paso al profesional -dice extendiendo las manos como si estuviera apartando a una multitud.

Hayley pone los ojos en blanco y se ríe. Miro fijamanete a Alex maniobrando con la ruedecita de la puerta de mi taquilla. En menos de tres segundos la puerta está abierta.
Abro la boca de par en par.

-¡Te odio cada vez que haces eso! -exclamo, indignada.
-Que mentirosa, sé que me adoras.

Antes de que pueda responder, el sonido del timbre que anuncia el comienzo de las clases me interrumpe.

-¡No, otra vez tarde no!
-Hayley, tengo que sacar los libros -medio grito, ya atenazada por el estrés-, espera un...
-¡Que no!

Hayley me aparta bastante menos delicadamente de lo que Alex lo ha hecho hace unos momentos y saca los libros que necesito hoy. Me los pone en las manos, me agarra del brazo, esta vez más suavemente y me empieza a llevar a la clase que nos toca. Hayley aborrece llegar tarde.

-¡Os veo luego! -nos grita Alex. Él tiene otra clase.

Sólo puedo hacerle un gesto de conformidad con el pulgar mientras Hayley me arrastra hacia nuestro aula.


Como siempre, las clases se me hacen eternas, y sólo soy consiente de la mitad de las cosas que explican los profesores. De lo único que soy totalmente consciente es del sonido de la campana que indica el final de las calses. Aún sentada en mi pupitre doy las gracias por ser viernes.
Recojo mis cosas y me dirijo con Hayley a la puerta del aula. Alex nos está esperando ahí.
-¿Qué tal? -nos pregunta.
-Un petardo, como siempre -responde Hayley.
-¿Acaso cambia algún día? -farfullo mientras me tapo la boca al bostezar.

Caminamos un rato hablando de nada en particular. Nos quejamos de la familia, de los exámenes...

-¿Podéis quedar esta tarde? -pregunta Hayley.

Alex asiente.
-Por supuesto, yo siempre.

Ambos me miran.
-Yo no puedo hoy, van a venir mis tíos con mis primos. Reunión familiar a traición.
-Eso no vale -se indigna Alex-, eso hay que avisarlo, para que se te ocurra alguna excusa para escaquearte.

Suelto una carcajada.
-Cuanta razón. Ojalá me hubieran avisado antes...
-Bueno, entonces nos vemos mañana, ¿vale?
-Por supuesto, Tate -respondo.

Me separo de ellos para girar hacia mi calle. Cuando abro la puerta noto algo raro. La casa está oscura, a pesar de que son las tres de la tarde y hay bastante luz. Frunzo el ceño y me dirijo a pasos lentos hacia el salón. Está vacío, y los muebles están rotos y algunos tirados por el suelo, hechos añicos. Siento que me falta el aire. Como si me estuvieran apretando el pecho con un tubo de plástico. Entreabro la boca intentando respirar y, de repente, todo vuelve a ser como era. Los muebles están enteros y en su sitio, la luz entra a raudales por el ventanal que ocupa casi una pared del salón. Y mi madre me mira desde el otro lado de la habitación, entre sorprendida, preocupada y asustada.

-¿E... estás bien? -me pregunta, después de unos minutos de silencio.
-Sí.
-Estás pálida.
-Ya. Estoy... cansada. Voy arriba.
-No te duermas, a las cinco llegan tus tíos y tus primos.
-Vale -respondo, ya en la escalera.

En cuanto entro en mi habitación tiro la mochila al suelo, me tumbo sobre la cama y entierro la cara en la almohada. Pienso en la mano que he creído ver en el autobús, y ahora esto. ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué a veces veo cosas así de extrañas y al instante siguiente desaparecen? Sé que mis padres piensan que estoy loca, que tengo algún problema en el cerebro, porque cuando era pequeña y me pasaba algo así corría a contárselo asustada. Al principio pensaron que simplemente era mi imaginación y no le dieron importancia, pero al pasar unos años y ver que me seguía pasando decidieron llevarme al médico. Consultaron a psicólogos, psiquiatras... Nadie logró encontrar problema alguno en mi cerebro.
A partir de que cumpliera los once años dejó de pasarme, y todos se aliviaron, yo incluida.
Conseguí dejar aquello en un rincón de mi mente, apartado, para que no me molestara. Aunque no lo olvidé, porque a mí no me gustaba olvidar nada. Todo fue bien hasta una noche, un par de años después, cuando ya había cumplido trece. Estaba ya preparada para dormir, metida en la cama, con la luz apagada. La única que entraba era la de la luna, por la ventana, por lo que la habitación estaba en una oscura penumbra.
Estaba a punto de dormirme cuando, una extraña senación me hizo abrir los ojos. La sensación de que alguien me miraba. Distinguí una figura en medio del cuarto. Tenía forma humana, o eso me pareció.
Respirando entrecortadamente y ya sospechando lo que estaba pasando, alargué el brazo hacia el interruptor y encendí la luz. Nada.
Respiré profundamente. Más que miedo sentía una extraña frustración. Con la mano ya sobre el interruptor, a punto de volver a apagar la luz, sentí una especie de cosquilleo en la oreja, como cuando alguien te habla al oído. Pero no oí nada. Casi dejé escapar un bufido, apagué la luz y volví a dormirme. Desde entonces me había seguido pasando. A veces me sucedía con bastante frecuencia, a veces pensaba que se había vuelto a ir hasta que me volvía a pasar.

Habían pasado ya dos años desde aquello. Me doy la vuelta quedándome boca arriba sobre la cama. Me quedo un rato observando el techo, sin saber decir cuánto tiempo, intentando que no me arrastren los recuerdos de todas las veces que he vivido esas malditas alucinacones o lo que demonios sean.

Alguien llama suavemente a la puerta. Me incorporo y me paso las palmas de las manos por la cara para limpiarme un par de lágrimas que me caen por las mejillas antes de permitir la entrada a la persona que está fuera. Reconozco esa forma tímida de llamar.
La puerta se abre y entra en la habitación mi primo Andrew, un niño menudo que se queda en el umbral de la puerta mirándome, como pidiéndome permiso.
Le sonrío.
-Hola, A -le saludo-. Sabes que eres de las pocas personas que pueden entrar aquí siempre que quiera.

Él mira al suelo y asiente.

-Lo sé, pero...

Me río. Doy un salto en la cama y me coloco de tal manera que mis pies apoyan en el suelo.

-Venga, no te quedes ahí -le digo, dando unas palmaditas en la cama-. Cierra, por favor.

Cierra la puerta se acerca a mí. Lleva un libro en la mano. Sonrío al reconocerlo.

-¿Ya lo has acabado?

Una sonrisa le ilumina la cara. Me parece que también muestra un poco de orgullo. No puedo evitar soltar una carcajada.

-Supongo que no me hace falta preguntar si te ha gustado, ¿no?

Él abre mucho los ojos.

-¿Estás de broma? Es de los mejores libros que he leído.
-No sabes como me alegra oír eso. En serio.

Él sonríe y el rubor acude a su cara salpicada de pecas.

-Sabes que a prácticamente nadie le dejaría mis libros, ¿no?
-Sí, lo sé. Son tesoros, y los tesoros no se dejan a cualquiera.

Soy todo orgullo cuando mi primo acaba la frase.

-Jo... -Me levanto y abrazo al niño. Le estrecho los hombros entre mis brazos. Mi primo es algo pequeño para tener doce años. Él parece dudar al principio, probablemente por la sorpresa, pero después me corresponde rodeándome la cintura con los brazos-. Te adoro, ¿lo sabes?

Él se iergue entre mis brazos y dice, con todo el orgullo y dignidad que puede:

-Claro que lo sé.

Estamos buena parte de la tarde sentados en el suelo de la habitación hablando de libros, cine, series de televisión... Tenemos gustos similares en cuanto a casi todo, admito que mayormente gracias a que yo le he llevado por mi camino, así que los temas de conversación no son pocos.

Llevamos unos minutos en silencio. Andrew está hojeando los dibujos de una carpeta que le he pasado.
-Te ha vuelto a pasar, ¿verdad?- susurra. Tiene la vista baja, mirando el dibujo que tiene en la mano, aunque toda su atención está centrada en mí-. Lo de... Lo he notado nada más mirarte a la cara.

Me tenso, manteniendo la vista en mis piernas cruzadas. Me mordisqueo el interior del labio y trago saliva.
Alzo un poco la mirada. Lo suficiente para ver que mi primo me mira fijamente, muy serio.
Tras unos instantes que a mí se me antojan horas, nos quedamos en silencio, mirándonos a los ojos. Él sacude la cabeza.

-Perdona, no tenía que haber preguntado.

Ahora la que niega con la cabeza soy yo.

-No pasa nada. En realidad, no me extraña que te hayas dado cuenta. Si mi cara normalmente ya da yuyu después de algo de esto se me debe de quedar como para llamar a los de The Walking Dead.

Andrew me mira como si me fuera a regañar, aunque sonríe un poco.

-Eso no es verdad, tu cara no da yuyu, y lo sabes.
-En realidad da un yuyu moderado.

Con eso logro que se ría y espero haber desvíado su atención lo suficiente.

-Vale, lo que tú digas -hace un gesto con las manos, como si me pidiera calma.

Estamos un rato bien. Mirando mis carpetas de dibujos cuando él vuelve al ataque. Parece que mi intento por desviar su atención no me ha salido bien.

-¿Cómo ha sido? Quiero decir, ¿ha sido de los... duros?

Suspiro.

-Sí. Pero preferiría no hablar de ello, por favor- le miro, y debe de notar que realmente no quiero hablar de ello, porque asiente y al instante hace como que se le ha olvidado el asunto.

Le doy las gracias en silencio.

Alguien llama a la puerta. Abre antes de que pueda decir ''adelante''. Es mi madre.

-Alice, tus tíos se van a ir dentro de poco, baja y salúdales al menos.
-Voy- respondo.

Levanto la vista y veo que sigue ahí, esperando a que me levante para ver con sus propios ojos que bajo de verdad. O tal vez para contralar si me vuelve a dar uno de mis ''ataques'', como los llama ella.

Andrew y yo nos levantamos y bajamos al piso de abajo. En el salón están mis tíos y mi prima, que a pesar de que es más cercana a mí en cuanto a edad, tenemos lo mismo en común que un huevo y una castaña. Está sentada en un sillón, tecleando frenéticamente en su móvil. No puedo evitar poner los ojos en blanco.
Me doy cuenta de que mis tíos me miran de forma extraña. Mi madre ya les ha contado lo que me ha pasado, por supuesto. Mi prima levanta la cabeza y me lanza la misma mirada que sus padres. Añadiendo esa aparente repulsión con la que me mira a veces la gente de mi edad.

Suspiro y pongo la sonrisa más convincente que puedo.

-Hola, tía Carol- me acerco y le doy un beso-. Hola, tío Ed- hago lo propio con él.

Ella no me responde. Él me pone una mano en el brazo y me da un apretón amistoso. De esta familia, sin duda él es mi segundo favorito.

-¿Qué tal, Alice?

Me encojo de hombros.

-Bien, no me quejo.

Me sonríe y le devuelvo la sonrisa. Esta vez de verdad. Mi tía se levanta de golpe de su asiento.

-Tenemos que irnos ya.

Yo no intento disimular mi mala cara. Esta mujer nunca me ha gustado.

Mi prima se levanta del sillón sin quitarle el ojo a la pantalla del móvil. Me lanza una última mirada y sale por la puerta, justo detrás de su madre.
Ed y Andrew se quedan un momento más. <<Por lo menos se despiden>>, me digo. Andrew me rodea la cintura con los brazos y yo le doy un besito en la sien.

-Adiós, A- me dice.
-Nos vemos, A.

Ed me da un abrazo rápido.

-Hasta la vista, Alice.

Sonrío.

-Adiós.

Cuando la puerta se cierra tras ellos, mi madre se cruza de brazos y se me queda mirando.

-¿Qué?- espeto, cuando me canso de que me mire.
-¿Me vas a decir qué demonios te ha pasado antes?

Pongo los ojos en blanco, resoplo y me doy la vuelta, dispuesta a subir a mi habitación. Ella me coge por el brazo.

-No, Alice. Te vas a sentar en el sofá y me vas a decir qué ha sido eso. Te ha vuelto a pasar otra vez, ¿verdad?

Resoplo otra vez.

-¿Y qué si me ha pasado otra vez?

Ella se sienta en el brazo del sofá, como si no pudiera mantenerse de pie. Los ojos se le llenan de lágrimas.

-Tendría sentido que fuera yo la que llorara, no tú.
-¿Qué? ¿De verdad acabas de decir eso? Para mí no es fácil verte así, ¿sabes?
-¿Así cómo?- alzo la voz sin darme cuenta-. ¡No me pasa nada!
-¡Ver cosas donde no las hay no es exactamente ''nada''!

Me quedo un momento perpleja. Nunca lo había dicho tan claramente. Me paso las manos por los ojos y recorro la línea de mis cejas con las yemas de los dedos. Respiro profundamente, intentando relajarme. Tarde, ya he empezado a llorar. Detesto llorar con gente delante.
Ella baja un poco el tono y se acerca a mí. Retrocedo un paso, poniendo un pie casi en la escalera. Suspira.

-Deberíamos ir a que te viera algún médico.
-Ya me habéis llevado a tropecientos médicos- le espeto, cansada de este tema.
-¡Pues te llevaremos a tropecientos más si hace falta!
-¡No es nada! ¡Mi imaginación, ya está!

Ella me mira muy seria.

-Esa mentira no te la crees ni tú.

La miro. Ya no lloro, lo único que siento son unas tremendas ganas de romper algo a patadas. Se me crispan los dedos. Justo en este momento, la puerta principal se abre y entra mi padre. Alzo los ojos al techo, agradecida. Corro, le abrazo y aprovechando, subo las escaleras y me meto en mi habitación.
Me acerco a la ventana y miro a través de ella, intentando dejar de pensar en lo que acaba de pasar. Veo que hay alguien plantado en medio de la acera, justo delante de mi casa. Mirando hacia arriba. Hacia mí. Clavo las uñas en el alféizar de la ventana. No puede ser. No puede ser. Espero a que la maldita alucinación acabe, pero no lo hace. El tío rubio con el abrigo negro no se mueve de ahí. No puedo verle la cara. Justo antes de que me empiece a dar el pánico, se da un cuarto de vuelta y se pone a andar hacia el final de la calle. Le sigo con la mirada hasta que ya no le veo.
Suelto el aire que había estado conteniendo y me alejo de la ventana. Me pongo rápidamente el pijama y me meto en la cama.
Está claro que eso no era una alucinación, lo que lo hace bastante más extraño. Y también asusta más.  

2 comentarios:

  1. ESE FONDO QUE TIENES PUESTO ME ESTÁ JODIENDO YA (con perdón, pero es que molesta mucho que cuando las letras coinciden con las partes más claritas no se pueda leer). Me gusta el personaje de Andrew, espero que salga más. *~* Sé que es un poco temprano para tener OTPs, pero quiero que Álex le robe un beso a Alice. >w<

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    1. Sí, lo sé. Me ha pasado un par de veces al revisar xD Veré si lo cambio mañana. O luego, no sé. Chiiiii. Es que Andrew es mucho amor. Y sí, saldrá después. Bastante e_e OMG, ¿Alex y Alice? No estaba previsto pero.. Uhm, uhm. Veré qué puedo hacer a ver qué pasa.

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